Las aventuras morbosas de Rosamary - Cap. XVI

LAS AVENTURAS MORBOSAS DE ROSAMARY CAPTULO XVI
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Solo unos das. Le dijo al recepcionista.
Y si es posible deme una habitacin que de a la parte de
atrs. Y por favor. Puede procurar a alguien para subirme
las maletas?.


Al llegar con el taxi y mientras el taxista le entraba las
maletas a la recepcin, su siempre atento subconsciente
se haba dado cuenta que en la parte trasera del hotel estaba
la piscina a la que asomaban los balcones y terrazas de un
bloque de apartamentos. Seguro que tendra buenas ocasiones
de ver y ser vista. - Porqu siempre estas pensando en lo
mismo Rosamary? -. Se pregunt. Mientras se diriga a su
habitacin senta el caudal que guardaba en su interior
removerse por todas partes. Menos mal que llevaba los tampones
bien metidos de lo contrario se derramara muslos abajo.
Estaba ansiosa por abrir las maletas y sacar sus juguetes.
Su coo estaba pidiendo que le metiera el juego de las cuatro
bolas chinas vibradoras.
Mientras rellenaba la ficha policial, se present la camarera
de pisos que le llev las maletas a su habitacin. Era una
chica de unos 18 20 aos, delgada, morena, con el cabello
corto en la tradicional bata azul claro a mil rayas con el
cuello blanco, ceida a la cintura con un cinto del mismo
tejido. Era bastante corta y dejaba ver unas piernas bien
torneadas.
Subi al ascensor para dirigirse a su habitacin. Esta
estaba en un tercer piso del hotel que en realidad era la
planta superior del edificio. Tena una terraza con un
par de tumbonas y mesa bajita entre ellas relativamente
amplia y que daba sobre la piscina rodeada de una franja
ajardinada con ms tumbonas y mesitas. El bloque de apartamentos
era un inmueble de ocho pisos y se elevaba por encima de su
hotel al otro lado del jardn, frente a su terraza. Un tradicional
conjunto de rectngulos acristalados con un alargado
balcn de un para de metros de anchura, que eran los estudios,
una estancia que hacia las veces de dormitorio-sala-comedor
con una cocina americana y un cuarto de bao adosado al
lateral de la estancia, que curiosamente tena una puerta
acristalada y daba al balcn No era mucho menor que su habitacin,
pero esta al no tener cocina ni la pequea mesa-comedor
y sus correspondientes sillas, ofreca un aspecto ms
amplio.
Estaba muy cansada. Cogi el neceser y se dirigi al cuarto
de bao, abri la ducha y se desnud. Que gozada!. Al menor
movimiento senta los moverse en su interior. Tan llena
estaba!. Sin sacarse los tampax se duch, se puso la locin
de aceite hidratador por todo el cuerpo y luego cogi un
pequeo recipiente de cristal algo hondo y de color mbar,
el juego de bolas chinas vibradoras con control remoto
sin cable, de ltima tecnologa, dos nuevos tampones super-plus
y el estuche de manicura y se fue a la terraza cubierta por
la toalla de bao que le llegaba justo bajo la vulva.
Una vez en la terraza pase la vista por el conjunto de apartamentos
del edificio vecino. Todo estaba en calma. Nadie en los
balcones
En la terraza de su apartamento, adems de las tumbonas
haba un para de sillas y una pequea mesita metlicas.
Se sent en una de las sillas dejando el estuche sobre la
mesa, abri las piernas colocando el cuenco entre sus muslos,
apretndolo y ajustndolo bajo la raja de la vulva a fin
de recoger cualquier escape y lubricada como estaba
pero con mucho cuidado de no derramarse no tubo dificultad
alguna en extraerse el tampax, totalmente inflado de las
cremas del taxista, que llev a su boca deleitndose con
su sabor.
Pese al cuidado con que empujaba cada una de las metlicas
bolas, no poda impedir pequeos escapes, pero gracias
a las precauciones tomadas, lo poco derramado pasaba al
ambarino cuenco.
De las cuatro solo se introdujo tres, dejando la cuarta
fuera para que quedara atrapada entre los labios internos
y externos empujndola hacia arriba colocarla junto al
cltoris y gozar no solo de las sensaciones interiores
de las tres si no que tambin recibir y sentir todas las vibraciones
en esa super sensible parte de su sexo. Se aplic un nuevo
tampn super plus para evitar prdidas. Ajust el dispositivo
de vibracin a media marcha dejando el mando sobre la mesa,
se sac el tampn que chupaba en su boca y tomando el cuenco
aplic el borde a sus labios sorbiendo su contenido que,
aunque poco, estaba ms que sabroso y dejndose llevar
por el placer del cosquilleante ronroneo del juguete,
dedicose a explorar la vecindad y arreglarse las uas.
Al poco, levantndose de la silla se sent en una de las tumbonas
se ech de espaldas subiendo los pies y alzando las rodillas.
Media hora larga haba transcurrido desde que se tumb
al sol. Los rayos del astro rey y su propia calentura haban
cubierto su cuerpo de un ligero sudor. La toalla apenas
cubra su chochito dilatado, hmedo y entreabierto. Engarzada
por los negros ricillos asomaba media esfera de la dorada
bola china. Eran las siete y media de la tarde y pronto empezara
a ponerse el Sol. Senta como se llenaba aquel extrao globo
que crea tener en su vientre. Se levant y fue en busca del
cuenco que coloc, apretado y ajustado, bajo la raja de
su babeante coo. Tom el mando de las bolas chinas y lo puso
al mximo. Arque la espalda y abri las piernas para facilitar
el orgasmo. Sinti como aquel globo reventaba y como
el delicioso y ardiente torrente se derramaba por sus entraas
hacia la salida natural. Las bolas le daban todo el placer
que deseaba y a la llegada del torrente a su vagina, cerr
los muslos bruscamente, apretndolos para impedir derramarse
y conseguir que la mxima cantidad de jugos quedaran en
el tampn que cerraba la salida. Pese a ello un par de gruesa
gotas se deslizaron en el cuenco. Su vientre se convulsionaba
al comps del rosario de orgasmos que la arrollaban. El
placer le hizo cerrar los ojos durante toda la esplndida
corrida y permaneci as durante un buen rato dejndose
llevar por la sensual dulzura que la embargaba. Senta
como su cuerpo se relajaba completamente.
Una de sus manos se haba colado por la abertura de la toalla
y acariciaba sus turgentes senos, sus muslos se fueron
aflojando y sus rodillas separndose lentamente y coloc
los pies en el suelo a ambos lados de la tumbona. Qued totalmente
abierta de piernas y a los rayos del sol brillaban parte
de la bola china y las gotas de los escasos jugos que haban
escapado de su prisin, prendidas en los negros ricillos
de su entrepierna, tornndolas en hermosas y anacaradas
perlas. Senta el calor de aquellos rayos acariciando
los labios externos y el cltoris.
Dej que su vagina se escurriera por completo empapando
al mximo el absorbente tampax. Abri los ojos y al dejar
vagar la vista por la acristalada fachada del bloque de
apartamentos, vio que desde uno de los balcones una mujer
la estaba observando. Sus miradas se cruzaron y quedaron
observndose sin disimulo. La mujer alarg la mano hasta
la mesa contigua y tomando unos prismticos de largo alcance
los dirigi hacia ella con todo descaro. Rosamary en un
acto reflejo, abri an ms las piernas para que pudiera
verla bien el cordn del tampn y el dorado de la bola china
saliendo de su nido y entre sus muslos an se encontraba
el ambarino cuenco con las cremas que haban escapado de
su corrida, lo recogi y coloc en el suelo junto a la tumbona.
El otro cordoncillo del tampax, difcilmente lo vera
pues este estaba en el otro agujero entre sus nalgas. Al
abrirle las piernas sonri desvergonzadamente. La mujer
del apartamento se acomod ponindose completamente
de cara hacia ella y tambin abri las piernas y aunque era
una distancia considerable, Rosamary pudo ver que tambin
estaba desprovista de braguita bajo la corta falda. Entonces,
sin dejar de sonrer y haciendo un gesto de aprobacin con
la cara, alz la mano indicndole que esperara, se levant
y fue a buscar sus prismticos, su cmara de vdeo y el mini-trpode
a la habitacin.
Camino de regreso a la terraza comprob que aun tena batera
y cinta para unos veinte minutos. Era una mujer de suerte!.
Mientras se sentaba en la tumbona despleg con gesto rpido
el trpode y ajust la cmara al enganche automtico, luego
movi la hamaca coloc bien la hamaca frente a la ventana
de su mirona particular, y ajustndola a la altura de
la cmara de manera que al tumbarse en ella el visor quedara
al nivel de los ojos para poder echar un vistazo mientras
filmaba, y sin dejar de sonrer, diriga rpidas miradas
a la mujer que segua en el balcn de su apartamento con las
piernas de par en par y siempre observndola ayudada de
sus prismticos.
Se tumb, alarg la mano para acercar la cmara y ajustar
el encuadre, el zoom y la luminosidad y a la vez poder sin
grandes problemas comprobar de vez en cuando, si la filmacin
segua en orden. Cuando lo hubo dispuesto todo correctamente,
accion el botn de grabacin y dej que la cmara grabara
lo que pareca iba a suceder. Cogi sus potentes prismticos
y enfoc a su vecina, manipulando el zoom hasta acercar
la imagen al mximo, de tal manera que poda verla con todo
detalle. Los compr en un bazar hind de Santa Cruz de Tenerife
especializado en electrnica de alta precisin y le haban
dado un magnfico resultado.
Se recost de lado para estar ms cmoda, su muslo derecho
sobre la colchoneta de la tumbona y la rodilla izquierda
levantada para mantener abierta su raja. El codo derecho
se apoyaba en la almohadilla de la tumbona y mantena en
la mano los prismticos. Pas la mano izquierda por detrs
de sus nalgas y se introdujo el dedo medio en la redonda cuevita
entre sus nalgas. La yema roz el empapadsimo algodoncillo
del tampax. Sac el dedo mojado en las deliciosas cremas
del taxista y se frot el cltoris unos momentos. Luego
volvi a su retaguardia y con suavidad comenz a masturbarse
por detrs.
Se asust cuando la mujer se levant y desapareci envuelta
en la penumbra del pasillo, tardaba en volver y eso la defraud,
quizs se haba extralimitado, pero le pareci entender
que aquella mujer aceptaba gustosa el juego. Cuando el
desencanto comenzaba a aduearse de ella, la mujer apareci
de nuevo. Vesta un corto vestido playero de un blanco inmaculado
con u bonito velero sobre el pecho, que bien poda ser un
T-shirt de la talla XXL. En la mano llevaba lo que en principio
Rosamary crey ser un consolador de un oscuro color verde,
pero que al fijarse en l con mayor atencin, result ser
un esplndido pepino. La mujer meti su mano bajo el vestido
acaricindose ostensiblemente la entre pierna mientras
llevaba un extremo del pepino a su boca y comenzaba a practicarle
una esplndida mamada. Rosamary se alegr por haberse
equivocado y para agradecerle el regreso y dejando por
un momento la tarea en que estaban aplicados sus diligentes
dedos, alz la mano en un saludo que fue correspondido por
la vecina blandiendo el pepino. Rosamary regres la mano
a su ocupacin favorita, masturbarse, y la mujer despus
de meterse en la boca ms de la mitad del pepino, se coloc
ante la silla y pasando la mano que aferraba el pepino, la
apoy en el asiento de la silla de plstico aguantndolo
erguido mientras con la izquierda alzaba el vestido para
mirarse mientras, con extrema lentitud, se fue sentando
sobre el improvisado consolador, que como arte de magia,
desapareci engullido en su vientre, mientras, cerrando
los ojos y mordindose el labio inferior, alzaba la cabeza
como si quisiera alcanzar el cielo, cosa que pareci conseguir
por la expresin de placer que ilumino su cara.
Rosamary no quera perder la ocasin de filmar la escena
y dando un vistazo a su video cmara, vio que la cinta estaba
a punto de finalizar. De un salto se levant y con un gesto
volvi a indicarle que la esperara. Sali al trote hacia
la habitacin, recordaba que en su maleta haba guardado
dos casets de video vrgenes y la suerte le sonri al encontrarlas
de inmediato.
Al trote retorn a la terraza mientras rasgaba el envoltorio
con los dientes. Aun no se haba sentado que ya haba abierto
el compartimiento para renovar la cinta y extrado la que
estaba a punto de finalizar. Encaj la nueva y puls el botn
de inicio y al comprobar que todo estaba en orden y perfectamente
enfocada la imagen, mientras saludaba a la mujer con un
gesto que pretenda ser de aprobacin, recupero su posicin
en la hamaca, tumbndose de nuevo sobre el muslo y cadera
derecha no sin antes retirar el cuenco, alzando la rodilla
izquierda a fin de ofrecer de nuevo una perfecta visin
de su entrepierna. Por cierto que en la carrera se haba
aflojado y un par de borbotones escaparon de sus dos agujeros
regando sus muslos hasta las rodillas con los lquidos
que guardaba en ambos. Haba vuelto a coger los prismticos
y vio como la mujer estaba enfrascada en un lento sube y baja,
a lo que Rosamary correspondi masturbndose con extremada
dedicacin.
De pronto la mujer, ces en su tarea y lanzndole un gesto
para que esperara, desapareci de nuevo en las sombras
del fondo de su apartamento. Qu nueva sorpresa le ofrecera
ahora?. Pasaron un par de minutos cuando la vio aparecer
por la puerta que daba al jardn comunitario de los apartamentos
y con un saludo e indicndole con un dedo que iba hacia all
, lo cruzaba dirigindose a la puerta que daba paso a la calle
que las separa. Rosamary se levanto y enrollando la toalla
bajo las axilas se acerc a la baranda de pasamano y barrotes
y apoyando los antebrazos en ella la llam.
Oye!. Habitacin 302.
La mujer mir hacia arriba y Rosamary abri las piernas
para que pudiera verla bien. Y aadi.
Saliendo del ascensor a la derecha.
Rosamary se dirigi a la puerta de la habitacin que dej
abierta, pero entornada. De la maleta cogi dos nuevas
pilas para el mando a distancia de las bolas chinas que llevaba
dentro de si, pues las que estaban en funcionamiento ya
haba bajado en mucho su potencia. Volvi a la terraza y
levant dos puntos es respaldo de la hamaca se acomod en
ella. Abri el cajetn del mando a distancia y repuso las
pilas accionndolo a la mxima velocidad de vibracin.
Gir la cmara de video y enfoc de manera que encuadrara
toda la tumbona. Cogi el cuenco que haba dejado en el suelo
al alcance de la mano y lo encaj entre sus muslos bajo la
vulva, dejando las piernas bien abiertas se meti dos dedos
dentro de su ardiente chochito por debajo de la bola china,
con el tiempo justo de or el golpear de los nudillos en la
puerta.


Continuar
artesco3

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